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Los títulos universitarios y el desarrollo científico del Ecuador

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Por: Abel SUING arsuing@utpl.edu.ec

El reciente retiro de la propuesta de reforma a la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES), de parte de la presidenta de la Asamblea Nacional, Elizabeth Cabezas, que entre otros cambios consideraba la posibilidad de que un profesional que no cuente con doctorado (PhD) sí pueda ejercer como profesor titular o autoridad en una institución de educación superior, hace evidente la incomprensión de un sector de la ciudadanía sobre los procesos de mejoramiento de la educación y los posibilidades que ello supone.

Es cierto que la posesión de un título académico no es garantía de eficacia o de cambio radical de las condiciones de una institución, pero si allana el camino hacia la creación de un “ecosistema” de investigación e innovación. Pruebas de ello existen hoy en todas las universidades del Ecuador.

Una de las criticas frecuentes al inestable sistema político del país es la ausencia de políticas de largo plazo sobre la base de desconocer las acciones precedentes, parece que en cada inicio de gobierno se deben inaugurar políticas públicas. En el caso de la educación superior la ley vigente (LOES) propuso la instauración de una carrera y escalafón universitarios que demandan la formación de investigadores, trayectoria académica, movilidad, relación con pares y la generación de conocimientos acordes a tendencias y modelos internacionalmente aceptados.

Las universidades y los docentes han invertido ingentes cantidades de recursos para cumplir con la ley. En muchos casos debieron sistematizarse bancos de información, enriquecerse bibliotecas físicas y virtuales e iniciar procesos de competencias informacionales en simultáneo al desarrollo cotidiano de la docencia. No todos los maestros universitarios alcanzaron los títulos en los tiempos propuestos, pero se han sentado sólidas bases para una educación de calidad a la par, y en varios casos mejor, que el promedio regional.

Desde los primeros debates de la LOES se mencionó que los propósitos eran buenos pero que los plazos y niveles de cumplimientos resultaban impetuosos, pese a ello se avanzó. Hoy se piden revisiones y actualizaciones de parte de docentes y universidades para que existan ambientes cercanos a las nuevas realidades sociales y tecnológicas, pero no la eliminación de la norma porque implicaría una desinversión y condenar al Ecuador al rezago científico.

La presidenta de la Asamblea aleja su propuesta de reforma, pero ¿Cuándo vendrá otro político a sugerir cambios que erosionen la formación superior? La educación es una inversión a largo plazo. El éxito de las universidades es el triunfo del país. La garantía de un norte prospero para la universidad ecuatoriana vendrá del consenso y acción coordinada entre académicos y políticos visionarios.

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mayo 2, 2019 at 9:36 pm

Un amanecer sin mesías

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Imagen tomada de https://cubaposible.com

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Por: Abel Suing arsuing@utpl.edu.ec

En la República del Ecuador se eligieron autoridades locales. El 24 de marzo de 2019 los ciudadanos optaron por un candidato, decidieron quien los gobernará e implícitamente se comprometieron a apoyar un plan de trabajo.

Pasados los días de campaña electoral, de ofertas concretas y planteamientos populistas, queda la impresión de un concierto de mesías en la política. Las ofertas de bienes y servicios primaron sobre los espacios de diálogo y el diseño de procesos a través de los cuales los habitantes puedan involucrarse en la solución de sus problemas.

La visión de la política como poder, para beneficio particular, no es exclusiva de Latinoamérica, pero es donde provoca mayor pobreza. Países y ciudades ricas en recursos naturales, con poblaciones jóvenes, que además comparten cultura e idioma, repiten ciclos de crisis, de subempleo, de escasez de vivienda, déficit de atención sanitaria y otras limitaciones, además de una deuda externa que compromete a las futuras generaciones.

El escritor Moíses Naím, analista socio económico y pensador influyente, con ocasión de presentar su novela “Dos espías en Caracas”, señaló que, en parte, los gobiernos populistas se explican porque los votantes demandan profetas. Éstos sanadores, facilitadores, dioses prometen soluciones inmediatas, pero en realidad incapacitan a las personas, las vuelven ignorantes para usufructuar del patrimonio que les pertenece.

La atención de las necesidades de cada ciudad vendrá de la mano de sus pobladores, de los acuerdos, de las concesiones y los sacrificios que estén dispuestos hacer. La premisa básica es la honestidad. Los cambios no llegarán desde fuera, iniciarán en cada hogar al revisar las prácticas de convivencia y establecer prioridades, no será posible cubrir las carencias en un solo periodo, pero a consecuencia de disciplina, templanza y ahorro podrá accederse a mejores estados de bienestar.

Probablemente entre los candidatos que perdieron las elecciones estén quienes anticiparon que todos deben aportar para remontar las limitaciones, de ser así el mensaje no gustó, pero no deben desmayar, ellos pueden ayudar compartiendo sus visiones de futuro.

La gestión de los gobiernos locales se realiza con el concurso de los ciudadanos. Ecuador tiene una estructura legal que propone observatorios, veedurías y la figura de la “silla vacía”, entre otras opciones, para que los vecinos en cada parroquia, ciudad y cantón intervengan en la administración pública. Un país no es tal si sus habitantes no contribuyen en su construcción de forma directa.

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abril 2, 2019 at 11:29 pm

El fact-checking en Ecuador y la democracia

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Imagen tomada de https://goo.gl/iffNSX

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Por: Abel SUING arsuing@utpl.edu.ec

Emerge y gana terreno el fact-checking electoral, que consiste en la verificación de datos y propuestas de los candidatos a través de las redes sociales, gracias a la colaboración de los ciudadanos. Frente a noticias falsas que se multiplican de inmediato, la verificación es un contrapeso necesario para orientar de forma acertada a la población.

La calidad de las fuentes y la verificación de la información es una tarea esencial del periodismo, que debería estar presente en su labor cotidiana, pero el arrollador fenómeno de la convergencia digital y el incremento de los consumos en Internet parece que motivaron a ciertos editores, a preferir la inmediatez ante la profundidad en las coberturas.

En Ecuador, la Fundación Andina para la Observación y Estudio de Medios, Fundamedios, al igual que otras organizaciones sociales latinoamericanas, vinculadas con el trabajo de los periodistas, ensaya la campaña de fact-checking político, denominada Ecuador Chequea; cuyos resultados están a disposición de la colectividad en su portal Web, esto ayuda a transparentar y elevar el nivel de gestión de los funcionarios públicos.

Las redes sociales, la comunicación electrónica y el trabajo de organizaciones sociales ayudan con contrastar los discursos electorales y ubican hitos de referencia para la rendición de cuentas de las autoridades; sin embargo, significan asignar a la población un control que debe ser ejercido por instancias públicas. Además, evidencian que los ciudadanos confían más en la auditoria social para confirmar datos que en la información de los medios de comunicación.

En las recientes elecciones presidenciales de México, el medio nativo digital Animal Político y AJ+ Español, llevaron el proyecto de periodismo colaborativo “Verificado 2018”, que fue el espacio al cual los ciudadanos enviaron solicitudes de contratación, alertas, inconsistencias y apreciaciones sobre los discursos de los candidatos, antes y después de elecciones, y de forma inmediata recibieron respuestas. En esta experiencia, los medios de comunicación y la forma convencional de hacer política fueron puestos bajo constante observación, para limpiar lo falso de lo real.

Pese al gran apoyo de las tecnologías y de las organizaciones sociales para hacer ejercicios de verificación, el aspecto de fondo es reflexionar sobre la autenticidad, la confianza y la verdad en los diálogos que mantienen candidatos y electores. ¿Por qué es necesario pasar por un filtro las expresiones de los políticos? ¿La población no cree en sus representares? ¿Por qué se mantiene el sistema de gobierno cuando ya no representan a sus ciudadanos? ¿Vivimos el fin de la democracia?

Las respuestas podrían ubicarse al volver las miradas hacia la honestidad, la sencillez y humildad con la cual cada persona y familia esté dispuesta a aportar, para cambiar sus condiciones de vida. Mejores calles, sistemas de salud, fuentes de empleo, seguridad y otros servicios básicos no llegan por generación unilateral de un Estado todopoderoso, son resultados de compromisos y aportes entre comunidades, gobiernos y empresas. Una actitud de mendicidad, pasiva, que espera recibir sin comprometer trabajo da espacio a ilusiones y mentiras de nuevos “mesías” de la política.

Para circular noticias falsas, en redes sociales, se necesitan contrapartes, el candidato que se atreve a especular porque sabe de un público al que puede engañar; y, de personas dispuestas a creerle. Tal vez las soluciones ante las fake-news en tiempo de elecciones se encuentran, por un lado, en un mejor periodismo; y, por otro, en ciudadanos conscientes de que el futuro de sus ciudades y de su país está en función del aporte que puedan dar, en coordinación con líderes honestos, que demuestren capacidad de trabajo en equipo.

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enero 31, 2019 at 7:09 pm

Del pedido “Que se vayan todos” a “Que se involucren todos”

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Imagen tomada de https://goo.gl/r8etSw

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Por: Abel SUING arsuing@utpl.edu.ec

El inicio de la campaña electoral, las consecuencias de las medidas económicas y los continuos informes de corrupción están en la agenda de los medios de comunicación del Ecuador, al inicio de 2019. Estos problemas provocan malestar en los ciudadanos, al punto de exigir que cambien todas las autoridades de elección democrática.

Parece que las mismas demandas del 20 de abril de 2005 siguen vigentes. Entonces, la población motivó el desplazamiento de un gobierno y dio paso a la administración liderada por el Dr. Alfredo Palacio, con la ilusión de haber animado prácticas supeditadas a la ética y al desarrollo económico.

Pero, han pasado varios presidentes, ministros y funcionarios que no han logrado cambiar la equivocada forma de hacer política, que privilegia el interés individual sobre el de grupo. Hoy en Ecuador, parece que llegar a un cargo de representación popular equivale a una “patente de corso” para aprovechar los bienes públicos en beneficio particular.

Sin embargo, y pese a la razón que asiste a los ciudadanos que reclaman, la solución no estaría en pedir a otros aquello que cada persona no está dispuesta a brindar. Probablemente la corrupción, el narcotráfico y la crisis del sistema de justicia conducen, a los ciudadanos, a pensar que es casi imposible alterar el status quo de la administración pública, pero ésta visión fatalista condena a los ecuatorianos a una marginalidad permanente.

El sistema de organización política que prima en los países americanos corresponde a democracias representativas, los ciudadanos ejercen el poder a través de sus elegidos, pero ocurre un divorcio entre el pueblo y sus gobernantes. Por ello, la tesis de cambiar a todos los políticos no sería un camino efectivo, sino cuenta con la participación de todos.

Además de los problemas recurrentes, en cuya base están la ausencia de valores, también falta un proyecto integrador de largo plazo. Por ello, la tesis más cercana a una renovación efectiva, en la conducción correcta de una nación, debería ser aquella que defienda la integración de los ciudadanos. Mientras cada hombre y mujer no comprometan su talento en el servicio público a los demás, no será posible modificar un estilo de hacer política y una forma de administrar que cada año endeuda y deteriora al Ecuador.

El pedido de “Que se involucren todos” implica una pregunta ¿Cuánto está Ud. dispuesto a dar, de su tiempo y comodidades, para lograr una mejor ciudad, un mejor país? La solución a la crisis no está solo en manos de los políticos, está también en el aporte de cada persona y familia para caminar, desde el tercer al primer mundo.

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enero 17, 2019 at 12:21 am

La voz de los ciudadanos y las políticas públicas

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Imagen tomada de https://goo.gl/qWtvtq

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Por: Abel SUING arsuing@utpl.edu.ec

Los ecuatorianos iniciaron 2019 con medidas de ajuste económico. El déficit fiscal será cubierto, en parte, a través del pago de mayores precios por los combustibles. En ésta como en otras épocas, es la población quien asume la corrección de las equivocadas decisiones de los encargados de gobernar el Estado.

La historia reciente de Ecuador refiere tres episodios de transferencia de dinero, de los pobres a los ricos, popularmente se conocen como “la sucretización de la deuda”, el “feriado bancario” y “la condonación de intereses, multas y recargos” de 2018. Además, hay hechos de corrupción, en donde malos administradores se apropiaron de los recursos de los contribuyentes, baste recordar el proceso judicial contra el expresidente del Directorio del Instituto de Seguridad Social.

Un denominador común en la génesis de los problemas económicos, además de la falta de ética de algunos políticos y funcionarios, es la ausencia de la voz de los ciudadanos en las instancias de decisión. Se supone que los poderes Ejecutivo y Legislativo representan a la población y actúan en función de sus prioridades, pero después de 40 años de retorno a la vida democrática en Ecuador, parecería que hay un distanciamiento de objetivos.

Los miles de millones de dólares de deuda externa, que el Estado debe, fueron contratados sin el conceso de los ciudadanos. Hay mínima constancia de planificación participativa, lo que se pide a los gobiernos locales no fue practicado por el gobierno central, un grupo de técnicos concluyó lo que sería bueno para los demás.

La crisis económica del Ecuador, al igual que la crisis económica mundial de 2008, exige que todos paguen la factura de lo consumido por pocos, que se resuelvan los problemas, fomentados por débiles procesos de control, a través de la “socialización de las pérdidas” y la consecuente “privatización de las ganancias”.

Si el panorama general es el distanciamiento, tal vez un camino de aproximación esté en la escucha frecuente que deba hacerse a los ciudadanos en los consejos de administración, comisiones, ministerios e instancias que comprometan recursos públicos. Seguramente esto ralentizará la gestión e implique gastos, pero siempre tendrá un horizonte de acuerdos previos y optimización, mas nunca de malversación.

Una persona, por mejor cualificada que esté, no puede asumir las opiniones ni los sentires de otra. Una alternativa para evitar fraudes es la instauración espacios ciudadanos para que las decisiones de políticas públicas sean el resultado de acuerdos entre los tres sectores que mueven a un país: El gobierno, la empresa y la ciudadanía. Luego de años de expectativas frustradas y crisis constantes, podría resultar un ensayo valioso el abrir las instituciones a las voces de los ciudadanos.

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enero 11, 2019 at 12:46 am

Se necesitan líderes humanistas

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Imagen tomada de https://goo.gl/395c6q

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Por: Abel SUING arsuing@utpl.edu.ec

Ecuador, el área andina, el mundo demandan líderes que guíen a la sociedad en la lucha contra los grandes problemas contemporáneos: La pobreza, la exclusión, la intolerancia, las olas migratorias; dificultades surgidas como consecuencias de la irracionalidad y de la falta de ejemplos que muestren que el mejor camino es la equidad y el trabajo en equipo, para alcanzar una mejor convivencia.

Aunque existan personas bienintencionadas y deseosas de cooperar, se requieren de varios talentos, de varios líderes para crear y mantener nuevos hábitos. No existen los “mesías” que en uno o dos periodos de gobierno cambian la realidad.

¿Cuál es el perfil del líder que la sociedad necesita? A más de conocimientos y cualidades técnicas, debe ser una buena persona, con alto sentido común y capaz de identificar y potenciar el talento de su equipo. Tal vez el patrón que sirve para identificar a los líderes es aquel que los muestra en sus vidas cotidianas, la forma en que han crecido, la trayectoria profesional y las relaciones que llevan con sus familias. Las experiencias recientes en América Latina evidencian que no siempre los tecnócratas han acertado en sus decisiones. La corrupción es una sombra que cubrió a doctos y a hombres sencillos.

Desde el retorno a la democracia, en Ecuador, hace ya 40 años, han pasado por las administraciones locales y nacionales muchos políticos, pero ¿Cuántos han sido auténticos líderes, que dejaron huella de humanidad y de grandes objetivos? ¿Cuántos han ofrecido cambiar, para bien, al país, llevarlo al primer mundo, pero han fracasado? Varias generaciones se han sucedido, desde 1978, y no han visto el progreso tan anhelado.

Los líderes humanistas que el país necesita, parece que son los hombres de pueblo, que sin ser economistas administran de forma excelente sus limitados recursos, aquellos que tienen ideales para sus hijos, los padres que educan en valores, que muestran con su ejemplo de vida que la mejor solución a los conflictos es el diálogo, los hombres y mujeres que están dispuestos a dejar sus espacios y sus comodidades para que los jóvenes no pierdan sus ilusiones. Éstos líderes que viven en cada hogar, deberían dar un paso adelante y arriesgarse a liderar las instituciones y al país.

Restan pocos meses para un nuevo proceso electoral. En casi todas las ciudades de Ecuador se habla pre candidatos y se corren encuestas. Hay anticipos de planes de trabajo y de posibles colaboradores. Bien por los políticos dispuestos y en condiciones de servir, todos deberían administrar la cosa pública, en algún momento, pero también estar listos a retirarse cuando la gestión les resulte insuperable, seguramente los electores lo entenderán y los juzgarán por el bien que lograron cumplir.

Es importante ceder las aspiraciones personales, legitimas, por el bien común. La política no es una profesión, es un servicio a los demás. La administración pública no recae en una persona, la llevan equipos de colaboradores. La principal misión de un alcalde, de un ministro, del Presidente de la República debería ser tener visión de futuro, para que cada acción que emprendan esté empeñada con los niños. Ojalá los latinoamericanos hayan aprendido que el futuro es tarea de todos y que un político, por sí mismo, no es garantía de cambio. Son necesarios equipos de líderes humanistas comprometidos con multiplicar en la sociedad sus ejemplos de vida.

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noviembre 9, 2018 at 1:26 am

Los derechos humanos son el punto de convergencia de las ideologías

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Imagen tomada de https://goo.gl/srjAAk

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Por: Abel Suing arsuing@utpl.edu.ec

Las ópticas para solucionar problemas son diferentes, como diferentes son las personas. En ocasiones, deben transcurrir varios periodos de gobiernos hasta encontrar acuerdos que permitan implementar políticas o regulaciones para atender a las comunidades. La capacidad humana para el disenso predomina sobre la cesión de posiciones y el logro de compromisos, así encontrar soluciones puede durar años, tiempo que implica costos y malestar para las partes.

La administración de los Estados está impregnada de ideologías, que desde la Revolución Francesa se dividen en propuestas conservadoras o de derecha, y progresistas o de izquierda. Estas visiones derivaron en enfrentamientos a escala global y en años de distanciamiento entre bloques de países, con el consecuente retraso y perjuicio para los ciudadanos.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos como un instrumento que propugna las condiciones mínimas de libertad y justicia que son inherentes a cada hombre y mujer. Los derechos humanos son “el reconocimiento de la dignidad inalienable de los seres humanos”. Este documento magistral, que marca la vida de las naciones desde 1948, es fruto del beneplácito de todos los pueblos del mundo, es la demostración de que las ideologías si tienen un punto de encuentro.

Vale recordar este antecedente para señalar a los líderes que la mejor gestión u oferta que hagan debe estar acorde a la Declaración de los Derechos Humanos. El político español Julio Anguita, identificado con el Partido Comunista, manifiesta que no será posible conciliar decisiones de mercado o protección a los trabajadores si priman las ideologías, porque unas irán a la protección del capital y otras buscarán la redistribución de la riqueza, pero si es posible involucrar los Derechos Humanos en los programas de los partidos, con lo cual se parte de un acuerdo que derivará a alcanzar objetivos de desarrollo humano, desde diferentes veredas.

Reconocer que hay puntos de encuentro es lo que falta en la política latinoamericana, en la política ecuatoriana y local. La continua refundación de iniciativas, la constate desinstitucionalización de los órganos de gobierno lleva a mínimos niveles de progreso.

Debería volverse la mirada a la mayor carta de navegación de la política y de desarrollo humano sustentable que fue escrita hace 70 años. Los políticos que logren traducir los mandatos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos a planes operativos para la gestión pública de sus ciudades y países tienen garantizado un sitio importante en la vida de sus conciudadanos, se les agradecerá hacer realidad la convergencia de las ideologías.

Written by abelsuing

octubre 2, 2018 at 4:55 pm