Gestión en comunicación: investigación aplicada, extensión y servicios.

Diario de campo.

Archive for junio 2018

Comunicación para el “bien común”

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Una de las definiciones de comunicación es diálogo y acuerdo, emitir y recibir opiniones. En la primera mitad del siglo pasado la comunicación fue definida, desde la teórica matemática, como la emisión de un mensaje, por medio de un transmisor, hasta un receptor; pero en esta concepción no está incluido un canal de retorno, una réplica, por lo tanto no cierra un circulo de interacción. Sobre ésta base y más acorde a las concepciones contemporáneas, como la de Dominique Wolton, comunicación es diálogo. Es necesario escuchar, comprender, tolerar para establecer una auténtica comunicación que luego permita llegar a consensos para lograr una convivencia pacífica, así como el bienestar y progreso de cada comunidad, sociedad o país.

En nuestra ciudad carecemos de ambientes permanentes de diálogo. No nos escuchamos. Lo frecuente, como ocurre en muchas urbes, es abundar con información a los interlocutores, propagar ideas pero no recibir opiniones. Tal vez no están pensados los espacios, o no están implementadas las políticas, para el dialogo entre autoridades y ciudadanos, y por ello derivamos en mensajes deformados y deficientes prestaciones de servicios públicos. La administración de un país o de ciudad deberían ser el resultado de amplios diálogos donde procuren atenderse las mayoría de las demandas de los ciudadanos.

Luego del proceso democrático de “revocatoria del mandato” del Acalde de Loja queda la expectativa de que sean escuchadas las opiniones de los vecinos. El mejor acuerdo es aquel que permite a las partes ganar y ganar. Las técnicas de negociación así como las instancia de mediación y arbitraje recomiendan los acuerdos entre las partes como el camino más efectivo, económico y estable para alcanzar un beneficio mutuo.

Por otro lado, la teoría política y la concepción cívica de las ciudades presentan al “bien común” como el resultado de acuerdos donde prima el beneficio colectivo por sobre los intereses particulares. Quizá la comunicación es el camino a seguir para encontrar el “bien común” que nos permita progresar.

La puesta en práctica del bien común exige visión de conjunto de los problemas y la consideración de los efectos de las políticas sobre los ciudadanos, pero no sobre sus intereses privados, sino sobre la creación y conservación de las condiciones que permiten a las comunidades menores la consecución de su perfección. El bien común no puede ser garantizado por las estructuras políticas, económicas o técnicas, si no se apoya en la responsabilidad de las personas y las instituciones. Es por lo tanto, una llamada a todos a asumir sus responsabilidades comunes.

La comunicación es, por lo tanto, una vía de doble sentido que exige interacción para llegar a acuerdos que logren los máximos beneficios de las partes, en otras palabras es acercarse a un “bien común” que permita convivencia y progreso. La comunicación para cumplir con su cometido demanda compromiso y voluntad de las partes para que los acuerdos se respeten.

Los lojanos y ecuatorianos deberíamos escucharnos, establecer mecanismos de comunicación que nos permitían reconocer las cualidades y capacidades de nuestros interlocutores, comprender al contrario para ubicar el “bien común” en cuya búsqueda logremos ser auténticos ciudadanos que asumimos compromisos y defendemos unos derechos comunes. Procuremos, entonces, habitar el nuevo siglo sobre la base del ejercicio cotidiano del diálogo.

Written by abelsuing

junio 25, 2018 at 11:31 am

Publicado en Opinión

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La participación de la Academia en el Consejo de Comunicación

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Estamos próximos a que la Comisión Especializada Permanente de Derechos Colectivos, Comunitarios y la Interculturalidad de la Asamblea Nacional evalúe los aportes de ciudadanos y organizaciones en torno a las reformas de la Ley Orgánica de Comunicación. De entre los varios aspectos, relevantes y directamente relacionados con el ejercicio de los derechos a la comunicación, que la Comisión escuchará, hay por los menos dos artículos vinculados explícitamente con la labor de las Facultades y Escuelas de Comunicación del país.

Más de un proyecto de reforma incluye cambios en las funciones e integración del Consejo de Comunicación. La propuesta enviada por el Presidente Lenin Moreno también recoge una modificación al respecto, de Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y la Comunicación la entidad se llamaría Consejo de Regulación, Desarrollo y Promoción de la Información y Comunicación.

La nueva redacción del artículo 49, de la Ley Orgánica de Comunicación, incluye funciones como regular la difusión de contenidos en la TV, radio y publicaciones de prensa escrita de conformidad a los instrumentos internacionales de derechos humanos; y, desarrollar, ya no solo monitorear, procesos para asegurar la calidad de los contenidos de los medios de comunicación. El nuevo Consejo tendrá un papel activo en la promoción de los derechos de los ciudadanos y de los operadores de la comunicación.

De entre las nuevas tareas del Consejo de Comunicación, de acuerdo a la propuesta presentada por el Presidente Moreno, se destaca el desarrollo de investigaciones y estudios técnicos sobre la comunicación. La reforma de la Ley permitiría acercar el trabajo de las Facultades y Escuelas de Comunicación hacia las políticas públicas de su especialidad, permitiendo que las tesis tengan pertinencia y vinculación social. Quedaría en manos de la Academia acercarse y proponer planes anuales de colaboración.

Pero, la vinculación de la Academia se daría también en la conformación del ente de regulación, el proyecto enviado por el Presidente propone que exista: Un representante de la Universidades que mantengan una Carrera de Comunicación en el Pleno del Consejo de Comunicación.

La propuesta resultaría atractiva y también de muchas posibilidades, pero para lograr las metas comprometidas en el nuevo Consejo de Comunicación sería necesario evaluar factores cualitativos que condicionarán el logro de objetivos, estos factores son políticos: La forma de elección de los miembros y su cualificación.

Sobre la base de las experiencias de los Consejos de Regulación de la Comunicación de otros países es aconsejable evitar proximidad con el Poder Ejecutivo, para ello se proponen mecanismos de elección a través de los Parlamentos. En torno a la cualificación, que seria el mayor factor condicionante se recomienda, de acuerdo a investigadores de políticas de comunicación, que exista un perfil mínimo de selección, es decir que quienes vayan a integrar el Consejo posean una formación próxima a la materia que regularán.

Se supone que los postulantes a integrar el Consejo de Comunicación contarán con la cualificación señalada, sin embargo debemos abogar porque quede escrito en la ley. El Art. 50 de la Ley de Comunicación no especifica el perfil de los candidatos. Este artículo demandaría sentar las bases para un desempeño académico, que en lo posible evite que las tentaciones de políticos populistas frenen el desarrollo de la comunicación democrática que tanto buscamos los ecuatorianos.

Written by abelsuing

junio 18, 2018 at 11:59 am

¿La narrativa transmedia es una opción hacia la educación liberadora?

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Inmersos en un mundo caracterizado por la información y la tecnología nos enfrentamos a la necesidad de desarrollar capacidades para aprovechar los grandes volúmenes de datos que recibimos. Las competencias mediáticas e informacionales nos proveen de herramientas, criterios y formas a través de las cuales podremos emplear la información para convertirnos en creadores cualificados de contenidos, es decir participar en la construcción del conocimiento.

La alfabetización mediática e informacional es el desarrollo de competencias para que los ciudadanos participen en la sociedad de la información, es también una meta que la Unesco persigue en la educación del siglo XXI

“La alfabetización mediática e informacional reconoce el papel fundamental de la información y los medios de comunicación en nuestra vida diaria, son parte central de la libertad de expresión y de información; facultan a los ciudadanos a comprender las funciones de los medios de comunicación y de información, a evaluar críticamente los contenidos y a tomar decisiones fundadas como usuarios y productores de información y contenido mediático”.

Pero éstas competencias son solo parte de las capacidades que deberían formarse en los educandos de hoy, otras tienen relación con la visión integran, multidimensional y polimorfa de los recursos y los relatos que los jóvenes construyen para dialogar entre sí, y con otras generaciones y culturas.

La visión lineal, “monofónica”, magistral de los docentes en las aulas llega a su fin, el tiempo en que los maestros poseían el monopolio del conocimiento terminó, hoy son facilitadores, animadores y guías para “aprender a aprender”.

Ante la cantidad de contenidos que proveen los medios de comunicación e Internet que se alimentan con los múltiples relatos de los usuarios, en la denominada “narrativa transmedia”, emerge una nueva frontera para que, además de formar competencias mediáticas, la escuela también integre los contenidos generados por los estudiantes en su educación.

Como lo señala el experto Carlos Scolari, estamos próximos a admitir que los estudiantes creen contenidos en las escuelas, así como ocurre en los medios de comunicación donde los usuarios, lectores, consumidores crean contenidos. La Escuela, el colegio, la universidad serán espacios para que los estudiantes construyan saberes, de la mano y en coordinación con los maestros. Esto sería la formación transmedia, suma de las tecnologías clásicas con las nuevas, aquellas surgidas a partir de Gutember: El libro, los cuadernos, la pizarra, el aula, con la información e Internet.

Las narrativas transmedia pueden permitir nuevas formas, dinámicas y modelos de educación en donde los estudiantes expresen y potencien sus saberes sobre la base de la construcción abierta, democrática y tolerante del conocimiento fruto de la interacción con personas de otras latitudes; ello implícitamente significaría que estamos cerca del ideal de la “educación liberadora”, como la definió Paulo Freire.

Para Freire la educación liberadora está basada en el diálogo y el muto respeto; estimula la crítica y la formación de un pensamiento autónomo; fomenta la participación, el aprendizaje colectivo, la cooperación. Es una educación que privilegia el razonamiento por sobre la memorización.

Queda, entonces, por conocer y motivar experiencias innovadoras que permitan evaluar las reales posibilidades de lograr una educación liberadora a través de las competencias mediáticas y de las narrativas transmedia. Siempre será buen momento para animar a nuestros maestros para que den un paso hacia adelante en la búsqueda de mejores oportunidades para sus alumnos, quienes construirán y habitarán el país del futuro.

Written by abelsuing

junio 11, 2018 at 9:56 am

Recuperemos nuestra cultura financiera

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En una época de ajustes económicos, emprendimientos tecnológicos y educación para la innovación parecería que están sobreentendidas algunas de las prácticas que caracterizan el ahorro y la inversión; sin embargo y a la luz de las frecuentes informaciones sobre déficits, endeudamientos y más, a nivel de administraciones públicas y de empresas, parece necesario fomentar la cultura financiera.

Una acepción clásica del concepto de economía es “ciencia de la administración de la casa”, que no involucra únicamente elementos materiales sino también valores, prioridades y acuerdos en pro un bienestar común. Como en un hogar, las empresas y los Estados enfrentan decisiones diarias para atender necesidades ilimitadas con recursos escasos. Los dilemas no son diferentes: Consumos presentes versus inversiones futuras, disciplina versus excesos, gastos básicos contra bienes superfluos.

El ingreso monetario, de una persona o de una familia, se dedica al consumo y al ahorro, así lo define la teoría macroeconómica; luego el ahorro se transforma en inversión fija e inicia un círculo virtuoso de desarrollo productivo. Pero, ¿Cómo formar el capital fijo? La respuesta la encontramos al volver los ojos a las familias y sus hábitos, o en otros términos, necesitamos mirar la cultura financiera de nuestra sociedad.

Cultura, según la RAE, es el conjunto de modos de vida y costumbres. Y cultura financiera es el dominio competencias diarias necesarias para tomar decisiones financieras con información y de una forma sensata a lo largo de la vida. Es decir, son prácticas enseñadas y aprendidas en la célula básica de la sociedad, el hogar.

En un hogar existen prioridades que deben atenderse: Alimentación, salud, educación, vivienda; luego vienen otras necesidades de auto realización y de orden espiritual superior. El propósito es ubicar las condiciones para que cada miembro de la familia viva de forma digna y alcance éxito en los ámbitos privado y público. Hay acuerdos y concesiones que aprendemos en familia. Apoyamos y recibimos apoyo.

Casi todos recordaremos que debimos reemplazar unas vacaciones por reparar la casa o pagar una deuda. También vendrá a nuestra memoria las cuentas que papá y mamá hacían para gestionar un crédito. Cuando, fruto de la disciplina familiar, existían fondos debía tomarse la decisión de dónde ahorrar, cómo invertir, cómo asegurar un poder de compra para el patrimonio familiar.

En Ecuador no cumplimos un cuatro de siglo desde la “dolarización”. Los jóvenes de hoy no vivieron las galopantes inflaciones monetarias y devaluaciones; de un día a otro nuestro capital perdía poder de compra. Los relatos de Eduardo Galeano sobre la injusticia de los ajustes macroeconómicos en América Latina nos ocurrieron de cerca: Un vecino que luego de vender su taxi no pudo adquirir otro, el amigo que debió emigrar en busca de empleo, el jubilado que no alcanzó a comprar una casa, y otras historias.

De fondo está la vivencia de la cultura financiera que sí poseemos los ecuatorianos, que frente a décadas de crisis económicas nos permitió sobrevivir y alcanzar sueños, unas costumbres que sin ser austeras nos ayudaron a formar patrimonios, un estilo de vida prudente sin que ello signifique inhibiciones.

Tal vez las tecnologías, las prisas, el esnobismo o la pérdida de valores nos han llevado a olvidar la importancia de la educación en el hogar, aprender del ejemplo de nuestros padres. He escuchado más de una vez a reconocidos expertos en economía que las mejores maestras en esta ciencia fueron sus madres, dignas señoras que entregaron alimentos y felicidad, y también ahorraron, centavo a centavo, para luego invertir en aquello que aseguró el futuro de sus hijos.

Este ejemplo de los hogares latinoamericanos es cultura financiera. Estas prácticas de base luego se diversifican en instrumentos, derivados o fondos de pensiones, dentro y fuera de cada país. Las denominaciones cambian pero los principios no.

Tal vez es el momento de volver a “los primeros amores”. Recordar cómo en casa, cada día recibimos, por más limitado que haya sido, el alimento que nutrió nuevos sueños. Los ecuatorianos poseemos una cultura financiera, que aunque no tenga el sitial de ciencia exacta en los círculos académicos, nos da un conjunto de claves para la vida en comunidad. Es tiempo de hacer práctica cotidiana de nuestros valores.

Written by abelsuing

junio 4, 2018 at 9:02 am