Gestión en comunicación: investigación aplicada, extensión y servicios.

Diario de campo.

La participación de la Academia en el Consejo de Comunicación

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Estamos próximos a que la Comisión Especializada Permanente de Derechos Colectivos, Comunitarios y la Interculturalidad de la Asamblea Nacional evalúe los aportes de ciudadanos y organizaciones en torno a las reformas de la Ley Orgánica de Comunicación. De entre los varios aspectos, relevantes y directamente relacionados con el ejercicio de los derechos a la comunicación, que la Comisión escuchará, hay por los menos dos artículos vinculados explícitamente con la labor de las Facultades y Escuelas de Comunicación del país.

Más de un proyecto de reforma incluye cambios en las funciones e integración del Consejo de Comunicación. La propuesta enviada por el Presidente Lenin Moreno también recoge una modificación al respecto, de Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y la Comunicación la entidad se llamaría Consejo de Regulación, Desarrollo y Promoción de la Información y Comunicación.

La nueva redacción del artículo 49, de la Ley Orgánica de Comunicación, incluye funciones como regular la difusión de contenidos en la TV, radio y publicaciones de prensa escrita de conformidad a los instrumentos internacionales de derechos humanos; y, desarrollar, ya no solo monitorear, procesos para asegurar la calidad de los contenidos de los medios de comunicación. El nuevo Consejo tendrá un papel activo en la promoción de los derechos de los ciudadanos y de los operadores de la comunicación.

De entre las nuevas tareas del Consejo de Comunicación, de acuerdo a la propuesta presentada por el Presidente Moreno, se destaca el desarrollo de investigaciones y estudios técnicos sobre la comunicación. La reforma de la Ley permitiría acercar el trabajo de las Facultades y Escuelas de Comunicación hacia las políticas públicas de su especialidad, permitiendo que las tesis tengan pertinencia y vinculación social. Quedaría en manos de la Academia acercarse y proponer planes anuales de colaboración.

Pero, la vinculación de la Academia se daría también en la conformación del ente de regulación, el proyecto enviado por el Presidente propone que exista: Un representante de la Universidades que mantengan una Carrera de Comunicación en el Pleno del Consejo de Comunicación.

La propuesta resultaría atractiva y también de muchas posibilidades, pero para lograr las metas comprometidas en el nuevo Consejo de Comunicación sería necesario evaluar factores cualitativos que condicionarán el logro de objetivos, estos factores son políticos: La forma de elección de los miembros y su cualificación.

Sobre la base de las experiencias de los Consejos de Regulación de la Comunicación de otros países es aconsejable evitar proximidad con el Poder Ejecutivo, para ello se proponen mecanismos de elección a través de los Parlamentos. En torno a la cualificación, que seria el mayor factor condicionante se recomienda, de acuerdo a investigadores de políticas de comunicación, que exista un perfil mínimo de selección, es decir que quienes vayan a integrar el Consejo posean una formación próxima a la materia que regularán.

Se supone que los postulantes a integrar el Consejo de Comunicación contarán con la cualificación señalada, sin embargo debemos abogar porque quede escrito en la ley. El Art. 50 de la Ley de Comunicación no especifica el perfil de los candidatos. Este artículo demandaría sentar las bases para un desempeño académico, que en lo posible evite que las tentaciones de políticos populistas frenen el desarrollo de la comunicación democrática que tanto buscamos los ecuatorianos.

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junio 18, 2018 at 11:59 am

¿La narrativa transmedia es una opción hacia la educación liberadora?

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Inmersos en un mundo caracterizado por la información y la tecnología nos enfrentamos a la necesidad de desarrollar capacidades para aprovechar los grandes volúmenes de datos que recibimos. Las competencias mediáticas e informacionales nos proveen de herramientas, criterios y formas a través de las cuales podremos emplear la información para convertirnos en creadores cualificados de contenidos, es decir participar en la construcción del conocimiento.

La alfabetización mediática e informacional es el desarrollo de competencias para que los ciudadanos participen en la sociedad de la información, es también una meta que la Unesco persigue en la educación del siglo XXI

“La alfabetización mediática e informacional reconoce el papel fundamental de la información y los medios de comunicación en nuestra vida diaria, son parte central de la libertad de expresión y de información; facultan a los ciudadanos a comprender las funciones de los medios de comunicación y de información, a evaluar críticamente los contenidos y a tomar decisiones fundadas como usuarios y productores de información y contenido mediático”.

Pero éstas competencias son solo parte de las capacidades que deberían formarse en los educandos de hoy, otras tienen relación con la visión integran, multidimensional y polimorfa de los recursos y los relatos que los jóvenes construyen para dialogar entre sí, y con otras generaciones y culturas.

La visión lineal, “monofónica”, magistral de los docentes en las aulas llega a su fin, el tiempo en que los maestros poseían el monopolio del conocimiento terminó, hoy son facilitadores, animadores y guías para “aprender a aprender”.

Ante la cantidad de contenidos que proveen los medios de comunicación e Internet que se alimentan con los múltiples relatos de los usuarios, en la denominada “narrativa transmedia”, emerge una nueva frontera para que, además de formar competencias mediáticas, la escuela también integre los contenidos generados por los estudiantes en su educación.

Como lo señala el experto Carlos Scolari, estamos próximos a admitir que los estudiantes creen contenidos en las escuelas, así como ocurre en los medios de comunicación donde los usuarios, lectores, consumidores crean contenidos. La Escuela, el colegio, la universidad serán espacios para que los estudiantes construyan saberes, de la mano y en coordinación con los maestros. Esto sería la formación transmedia, suma de las tecnologías clásicas con las nuevas, aquellas surgidas a partir de Gutember: El libro, los cuadernos, la pizarra, el aula, con la información e Internet.

Las narrativas transmedia pueden permitir nuevas formas, dinámicas y modelos de educación en donde los estudiantes expresen y potencien sus saberes sobre la base de la construcción abierta, democrática y tolerante del conocimiento fruto de la interacción con personas de otras latitudes; ello implícitamente significaría que estamos cerca del ideal de la “educación liberadora”, como la definió Paulo Freire.

Para Freire la educación liberadora está basada en el diálogo y el muto respeto; estimula la crítica y la formación de un pensamiento autónomo; fomenta la participación, el aprendizaje colectivo, la cooperación. Es una educación que privilegia el razonamiento por sobre la memorización.

Queda, entonces, por conocer y motivar experiencias innovadoras que permitan evaluar las reales posibilidades de lograr una educación liberadora a través de las competencias mediáticas y de las narrativas transmedia. Siempre será buen momento para animar a nuestros maestros para que den un paso hacia adelante en la búsqueda de mejores oportunidades para sus alumnos, quienes construirán y habitarán el país del futuro.

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junio 11, 2018 at 9:56 am

Recuperemos nuestra cultura financiera

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En una época de ajustes económicos, emprendimientos tecnológicos y educación para la innovación parecería que están sobreentendidas algunas de las prácticas que caracterizan el ahorro y la inversión; sin embargo y a la luz de las frecuentes informaciones sobre déficits, endeudamientos y más, a nivel de administraciones públicas y de empresas, parece necesario fomentar la cultura financiera.

Una acepción clásica del concepto de economía es “ciencia de la administración de la casa”, que no involucra únicamente elementos materiales sino también valores, prioridades y acuerdos en pro un bienestar común. Como en un hogar, las empresas y los Estados enfrentan decisiones diarias para atender necesidades ilimitadas con recursos escasos. Los dilemas no son diferentes: Consumos presentes versus inversiones futuras, disciplina versus excesos, gastos básicos contra bienes superfluos.

El ingreso monetario, de una persona o de una familia, se dedica al consumo y al ahorro, así lo define la teoría macroeconómica; luego el ahorro se transforma en inversión fija e inicia un círculo virtuoso de desarrollo productivo. Pero, ¿Cómo formar el capital fijo? La respuesta la encontramos al volver los ojos a las familias y sus hábitos, o en otros términos, necesitamos mirar la cultura financiera de nuestra sociedad.

Cultura, según la RAE, es el conjunto de modos de vida y costumbres. Y cultura financiera es el dominio competencias diarias necesarias para tomar decisiones financieras con información y de una forma sensata a lo largo de la vida. Es decir, son prácticas enseñadas y aprendidas en la célula básica de la sociedad, el hogar.

En un hogar existen prioridades que deben atenderse: Alimentación, salud, educación, vivienda; luego vienen otras necesidades de auto realización y de orden espiritual superior. El propósito es ubicar las condiciones para que cada miembro de la familia viva de forma digna y alcance éxito en los ámbitos privado y público. Hay acuerdos y concesiones que aprendemos en familia. Apoyamos y recibimos apoyo.

Casi todos recordaremos que debimos reemplazar unas vacaciones por reparar la casa o pagar una deuda. También vendrá a nuestra memoria las cuentas que papá y mamá hacían para gestionar un crédito. Cuando, fruto de la disciplina familiar, existían fondos debía tomarse la decisión de dónde ahorrar, cómo invertir, cómo asegurar un poder de compra para el patrimonio familiar.

En Ecuador no cumplimos un cuatro de siglo desde la “dolarización”. Los jóvenes de hoy no vivieron las galopantes inflaciones monetarias y devaluaciones; de un día a otro nuestro capital perdía poder de compra. Los relatos de Eduardo Galeano sobre la injusticia de los ajustes macroeconómicos en América Latina nos ocurrieron de cerca: Un vecino que luego de vender su taxi no pudo adquirir otro, el amigo que debió emigrar en busca de empleo, el jubilado que no alcanzó a comprar una casa, y otras historias.

De fondo está la vivencia de la cultura financiera que sí poseemos los ecuatorianos, que frente a décadas de crisis económicas nos permitió sobrevivir y alcanzar sueños, unas costumbres que sin ser austeras nos ayudaron a formar patrimonios, un estilo de vida prudente sin que ello signifique inhibiciones.

Tal vez las tecnologías, las prisas, el esnobismo o la pérdida de valores nos han llevado a olvidar la importancia de la educación en el hogar, aprender del ejemplo de nuestros padres. He escuchado más de una vez a reconocidos expertos en economía que las mejores maestras en esta ciencia fueron sus madres, dignas señoras que entregaron alimentos y felicidad, y también ahorraron, centavo a centavo, para luego invertir en aquello que aseguró el futuro de sus hijos.

Este ejemplo de los hogares latinoamericanos es cultura financiera. Estas prácticas de base luego se diversifican en instrumentos, derivados o fondos de pensiones, dentro y fuera de cada país. Las denominaciones cambian pero los principios no.

Tal vez es el momento de volver a “los primeros amores”. Recordar cómo en casa, cada día recibimos, por más limitado que haya sido, el alimento que nutrió nuevos sueños. Los ecuatorianos poseemos una cultura financiera, que aunque no tenga el sitial de ciencia exacta en los círculos académicos, nos da un conjunto de claves para la vida en comunidad. Es tiempo de hacer práctica cotidiana de nuestros valores.

Written by abelsuing

junio 4, 2018 at 9:02 am

¿Loja en camino hacia ciudad violenta e insegura?

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Los residentes en Loja inauguramos el reciente feriado con la noticia de dos personas asesinadas en la vía de ingreso a la ciudad. Hecho alarmante que se suma a los recientes asesinatos de una madre y su tierno hijo, ocurrido hace pocas semanas; el hallazgo de los restos de María del Cisne Conde en abril; el secuestro y asesinato de Emilia Benavides en diciembre pasado, por no mencionar lo acaecido con turistas argentinos en la cercana Vilcabamba, ni los casos de violencia doméstica.

Las preguntas inmediatas son ¿Qué nos está ocurriendo? ¿Por qué? Y las respuestas múltiples. En la búsqueda de patrones que nos guíen a identificar las causas podríamos fijarnos en ciudades como Medellín o Sao Paulo, en ambas, y probablemente en otras, el desarrollo económico y el respeto están en la génesis de la puesta en marcha de alternativas para ir de la violencia a la seguridad.

Los macro problemas de las ciudades violentas estarían en la “urbanización acelerada, inflación de los grupos de juventud, desigualdad en aumento y altos niveles de impunidad. Entre otros, los peligros son tráfico de drogas, una abundancia de armas de fuego ilegales, el aumento de carteles y pandillas cibernéticas, y normas sociales que toleran la violencia”.

Será que: ¿Loja no cumple con los estándares de calidad de vida que la lleve a ser ciudad segura? Los mecanismos para ser ciudades seguras están agrupados en dos niveles. En un primer estrado están las medidas “leves” que involucran la participación activa de los habitantes para construir una “cultura ciudadana” puesta de manifiesto en campañas para recordar valores y buenas prácticas de convivencia, generar espacios públicos, observatorios que recomiendan ordenanzas a los cabildos y, la gestión de “presupuestos participativos” para desarrollo comunal.

En segundo nivel, de acuerdo a los expertos en urbanismo y seguridad, están las políticas públicas que administran los gobiernos locales y nacionales, entre estás “inversiones más sólidas en materia de seguridad y desarrollo (…) programas de transferencia de dinero condicionadas, apoyo para la primera infancia, para hogares con mujeres como jefas de hogar, y actividades extracurriculares”. Sobre la base de experiencias exitosas hay tres recomendaciones “que los gobiernos deben tener a la hora de crear políticas contra la violencia:

Como en todas las relaciones humanas, hay por los menos dos perspectivas de las posibles soluciones, la de autoridades y la de ciudadanos, que en este caso convergen hacia una meta común que es construir una ciudad segura que garantice mínimas condiciones para habitar, producir y mantener vínculos familiares.

¿Qué caracteriza a una ciudad segura? De acuerdo a la Unidad de Inteligencia de la Revista The Economist hay cuatro categorías: seguridad digital, seguridad sanitaria, seguridad de la infraestructura y seguridad personal, a la cuales se suma la innovación.

En este propósito ya existen experiencias que promueven prácticas para lograr ciudades seguras, por ejemplo en Quito están en marcha el modelo de ciudad segura de la ONU Mujeres. “El Programa Ciudades Seguras empezó a implementarse en la ciudad de Quito en 2013, en coordinación directa con varias dependencias municipales, en la actualidad (…) el Programa se ejecuta desde la Fundación Municipal Patronato San José y con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo”.

Las acciones de “política blanda” parecen más efectivas que intervenciones agresivas que a la final construyen “espirales de violencia”. Actualmente Quito participa del 8º lugar, en el nada halagador, ranking de ciudades inseguras del mundo, y por otro lado 42 de las ciudades más violentas del mundo están en América Latina.

Loja no está distante de los centros urbanos que han vivido traumáticas experiencias de violencia. Nos hemos preciado de estar distantes pero esto ya no ocurre. Pensar que las tecnologías de comunicación e información, la presencia de foráneos y el coletazo del narcotráfico mueven a la violencia parece que no es acertado. Sobre la breve base antes mencionada, la solución está en manos de los lojanos, debemos ser más y mejores ciudadanos; dejemos de esperar que otros propongan las soluciones cuando la convivencia pacífica empieza por entendernos con nuestros vecinos y juntos construir espacios de tolerancia.

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mayo 28, 2018 at 9:00 am

Publicado en Opinión

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“Primero Ecuador” ¿También en educación?

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La campaña de fomento y consumo de la producción nacional denominada “Primero Ecuador”, cuyos inicios ocurrieron hace una década, ha motivado a valorar la producción nacional y a impulsar a los emprendedores para que propongan alternativas e innovaciones con la confianza de que existirá un publico presto a conocer sus propuestas y a dar el espaldarazo inicial para que los bienes y servicios originados en Ecuador alcancen estándares internacionales. Entre los beneficios esta compaña está la creación de empleo, pero sobre todo el fortalecimiento de las capacidades nacionales.

El objetivo de la marca PRIMERO ECUADOR es:

“identificar a la producción nacional de calidad, fomentar el desarrollo del valor agregado, generar fuentes de empleo formal, mejorar la balanza comercial a través de la sustitución de importaciones y contribuir a la creación de una cultura de valoración de la industria nacional”.

Para concretar esta aspiración es necesario el concurso de particulares, empresarios, ciudadanos y del Estado; deben articularse círculos de generación y de demanda, espacios de negocios e incubación para que luego de un primer contacto sean la propia comunidad la que dinamice y motive una producción en condiciones de competir, ya no solo en mercados nacionales, sino también en el exterior.

La creación de valor agregado en el sector industrial, a través de políticas, programas y proyectos a consecuencia del trabajo armónico entre actores públicos y privados es un modelo a seguir en otros sectores estratégicos del Ecuador, como en la educación, sector prioritario y que probablemente sea el más delicado para el futuro.

Ciertamente, han existido políticas de fomento para la creación de valor agregado y de capital intelectual en la educación, en todos sus niveles. La educación superior recibió ingentes recursos para otorgar becas a los estudiantes y crear infraestructura, incluso hace pocos días fueron aprobadas reformas a Ley Orgánica de Educación Superior con el fin de democratizar el acceso y asegurar la calidad de la oferta educativa.

Sin embargo hay algunos elementos que muestran tareas pendientes en pro de incrementar la creación de conocimiento en Ecuador y de permitir su circulación internacional, sin que ello signifique autarquía o nacionalismos que lleven al rezago en las tendencias mundiales de investigación e innovación educativa. Estos acontecimientos sirven de ejemplo para solicitar apoyo a las autoridades y a los actores del sector para que, luego de evaluar la pertinencia de la oferta nacional, decidan apoyar a las instituciones o deriven a los educandos hacia universidades foráneas que, probablemente, luego se instalarían en Ecuador.

Ejemplo de lo referido es que para atender la demanda de maestrías, en varios campos, y al contar con expertos y doctores formados en las mejores universidades del mundo, las universidades ecuatorianas avanzan con los procesos administrativos y legales para aprobar nuevas opciones y de a poco acercar al país a una “explosión de la oferta educativa”, pero las mismas autoridades de regulación auspician, autorizan y acuerdan el ingreso de ofertas de otros países que presentan la misma calidad que las instituciones nacionales en programas ya instalados y en macha.

Otras críticas, que han ocurrido en las publicaciones y en los grados, han sido superadas en tanto los autores así como los educandos alcanzaron con merito el reconocimiento foráneo. Tal vez esto mismo falta en las ofertas educativas de tercer y cuarto nivel, que sean reconocidas fuera, por organismos de acreditación de la calidad internacionales para que los autoridades del país vuelvan sus ojos hacia las universidades locales y confíen que lo “hecho en Ecuador” es de calidad, porque además de cumplir con normas internacionales responden con pertinencia a resolver los problemas de su entorno inmediato.

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mayo 21, 2018 at 4:04 pm

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La constate búsqueda de calidad en la educación superior

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Con ocasión del próximo Congreso de Calidad en la Educación Superior a Distancia denominado VI Cread Andes y VI Virtual Educa Ecuador a realizarse en la Universidad Técnica Particular de Loja entre el 29 de mayo y 1 de junio de 2018, es oportuno volver la mirada hacia esta modalidad de formación superior que día a día acoge a más estudiantes.

Hace 47 años Loja inauguró los estudios a distancia en Ecuador. Existen antecedentes de formación por correspondencia que cubrían la capacitación técnica como la Hemphill Schools, pero la opción de estudios universitarios ocurrió desde 1971. Los cuestionamientos por la ausencia de proximidad, o el empleo de instrumentos didácticos cara a cara, han sido superados a través del desarrollo de competencias por parte de los estudiantes y la mediación tecnológica.

La modalidad de estudios a distancia recibió a las personas que por algún motivo no hicieron estudios presenciales en su juventud, el promedio de ingreso superaba los 30 años de edad; hoy es una de las primeras opciones que toman los jóvenes luego de terminar el colegio.

La confianza en los estudios superiores a distancia y virtuales ganan validez, pertinencia y respaldo social. La legislación ecuatoriana avala y propone estándares de calidad para su ejecución pero además las instituciones que regulan la educación superior en el país autorizan la creación de estudios a distancia en universidades públicas. El pasado abril la Senescyt suscribió convenios para la ejecución de programas de educación superior en modalidad virtual con cinco universidades. Las carreras que se ofertarán y estarán disponibles para su postulación a partir de julio son: Comunicación Social, Derecho, Economía, Educación Básica, Educación Inicial, Ingeniería de Tecnologías de la Información, Pedagogía de los Idiomas, Psicología, Trabajo Social y Turismo.

Con ello hay un futuro de compromiso y de expectativas en la educación a distancia pero implica velar para que las metas, la eficiencia y la eficacia en la formación de tercer nivel cumplan sus propósitos, es decir que las personas tituladas posean iguales o superiores conocimientos, habilidades y destrezas que los titulados a través de estudios presenciales, en definitiva que los estudios superiores a distancia sean de calidad.

De las múltiples acepciones de calidad quizá la más acertada en el contexto educativo es la relacionada con la vida de las personas, la promoción de valores y el impacto social, en donde los fines últimos son el progreso, la equidad y la capacidad para edificar un mejor futuro en comunidad. Sobre ésta base la educación a distancia constituye una de las claves del desarrollo social, no sólo permitirá contar con más profesionales sino también con respuestas a varias necesidades ya que la misma formación a distancia parte de tomar conciencia y potenciar el habitad de cada estudiante.

Suponer que la tecnología, por si misma, sea garantía de calidad es una ingenuidad pero si está acompañada de modelos pedagógicos, infraestructura física, docentes capacitados, pero sobre cuenta con el compromiso de los educandos implicará un proceso de continua búsqueda y logro de calidad.

Ecuador, desde el próximo octubre, avanza hacia una segunda etapa en los estudios a distancia, está vez como una característica de la universidad, ya no serán solo las universidades particulares las que oferten estos estudios ni tampoco serán vistos como subsidiarios o de segunda categoría, son ya una opción preferente en la actual sociedad del conocimiento. Resta por ver, luego de por los menos cinco años, el impacto y los resultados de esta nueva etapa en el desarrollo educativo del Ecuador.

Written by abelsuing

mayo 14, 2018 at 4:05 pm

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El consumo de radio y televisión de los estudiantes universitarios del #Ecuador

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Junto a y publicamos “El consumo de radio y televisión de los estudiantes universitarios del ” en Vol. 1, Núm. 57 (2018)

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Written by abelsuing

enero 19, 2018 at 5:42 pm