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Recuperemos nuestra cultura financiera

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En una época de ajustes económicos, emprendimientos tecnológicos y educación para la innovación parecería que están sobreentendidas algunas de las prácticas que caracterizan el ahorro y la inversión; sin embargo y a la luz de las frecuentes informaciones sobre déficits, endeudamientos y más, a nivel de administraciones públicas y de empresas, parece necesario fomentar la cultura financiera.

Una acepción clásica del concepto de economía es “ciencia de la administración de la casa”, que no involucra únicamente elementos materiales sino también valores, prioridades y acuerdos en pro un bienestar común. Como en un hogar, las empresas y los Estados enfrentan decisiones diarias para atender necesidades ilimitadas con recursos escasos. Los dilemas no son diferentes: Consumos presentes versus inversiones futuras, disciplina versus excesos, gastos básicos contra bienes superfluos.

El ingreso monetario, de una persona o de una familia, se dedica al consumo y al ahorro, así lo define la teoría macroeconómica; luego el ahorro se transforma en inversión fija e inicia un círculo virtuoso de desarrollo productivo. Pero, ¿Cómo formar el capital fijo? La respuesta la encontramos al volver los ojos a las familias y sus hábitos, o en otros términos, necesitamos mirar la cultura financiera de nuestra sociedad.

Cultura, según la RAE, es el conjunto de modos de vida y costumbres. Y cultura financiera es el dominio competencias diarias necesarias para tomar decisiones financieras con información y de una forma sensata a lo largo de la vida. Es decir, son prácticas enseñadas y aprendidas en la célula básica de la sociedad, el hogar.

En un hogar existen prioridades que deben atenderse: Alimentación, salud, educación, vivienda; luego vienen otras necesidades de auto realización y de orden espiritual superior. El propósito es ubicar las condiciones para que cada miembro de la familia viva de forma digna y alcance éxito en los ámbitos privado y público. Hay acuerdos y concesiones que aprendemos en familia. Apoyamos y recibimos apoyo.

Casi todos recordaremos que debimos reemplazar unas vacaciones por reparar la casa o pagar una deuda. También vendrá a nuestra memoria las cuentas que papá y mamá hacían para gestionar un crédito. Cuando, fruto de la disciplina familiar, existían fondos debía tomarse la decisión de dónde ahorrar, cómo invertir, cómo asegurar un poder de compra para el patrimonio familiar.

En Ecuador no cumplimos un cuatro de siglo desde la “dolarización”. Los jóvenes de hoy no vivieron las galopantes inflaciones monetarias y devaluaciones; de un día a otro nuestro capital perdía poder de compra. Los relatos de Eduardo Galeano sobre la injusticia de los ajustes macroeconómicos en América Latina nos ocurrieron de cerca: Un vecino que luego de vender su taxi no pudo adquirir otro, el amigo que debió emigrar en busca de empleo, el jubilado que no alcanzó a comprar una casa, y otras historias.

De fondo está la vivencia de la cultura financiera que sí poseemos los ecuatorianos, que frente a décadas de crisis económicas nos permitió sobrevivir y alcanzar sueños, unas costumbres que sin ser austeras nos ayudaron a formar patrimonios, un estilo de vida prudente sin que ello signifique inhibiciones.

Tal vez las tecnologías, las prisas, el esnobismo o la pérdida de valores nos han llevado a olvidar la importancia de la educación en el hogar, aprender del ejemplo de nuestros padres. He escuchado más de una vez a reconocidos expertos en economía que las mejores maestras en esta ciencia fueron sus madres, dignas señoras que entregaron alimentos y felicidad, y también ahorraron, centavo a centavo, para luego invertir en aquello que aseguró el futuro de sus hijos.

Este ejemplo de los hogares latinoamericanos es cultura financiera. Estas prácticas de base luego se diversifican en instrumentos, derivados o fondos de pensiones, dentro y fuera de cada país. Las denominaciones cambian pero los principios no.

Tal vez es el momento de volver a “los primeros amores”. Recordar cómo en casa, cada día recibimos, por más limitado que haya sido, el alimento que nutrió nuevos sueños. Los ecuatorianos poseemos una cultura financiera, que aunque no tenga el sitial de ciencia exacta en los círculos académicos, nos da un conjunto de claves para la vida en comunidad. Es tiempo de hacer práctica cotidiana de nuestros valores.

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Written by abelsuing

junio 4, 2018 a 9:02 am

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