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Diario de campo.

La jubilación de nuestros maestros

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Algunos amigos, maestros, compañeros dejarán la vida laboral activa para acoger los derechos de jubilación, esta decisión convoca un reflexión sobre el aporte que brindaron en las aulas, de sus ejemplos de vida.

Ser maestro es más que enseñar «una ciencia, arte u oficio» porque compromete la vida misma de la persona, es compartir, mostrar, educar con el ejemplo a jóvenes que desean crecer e ir un paso más allá en la búsqueda de la verdad.

Ejercer la docencia es estar presto a que los discípulos sean mejores que sus maestros. Cada clase es un descubrimiento, una aventura de aprendizaje mutuo, un compromiso para juntos encontrar soluciones en beneficio de nuestras comunidades.

Los maestros viven y crecen con sus estudiantes, escuchan y conocen las realidades de las personas que están frente a ellos y procuran abrir ventanas, despertar sueños y dan aliento para que el futuro sea resultado una labor honesta y dedicada.

Cada semestre, cada año lectivo que inicia es una gran oportunidad de conocer a jóvenes que están próximos a ser profesionales, entre ellos también están los líderes que tendrán oportunidades de mejorar el entorno, hay un compromiso de hacer el mayor bien posible porque a través los jóvenes provocarán cambios en la sociedad.

Cuando pasan 30 y más años de ejercicio docente algunos rostros se pierden y cambian pero el calor del aula, la alegría de compartir, la risa y llantos están presentes porque fueron jornadas de siembra, de cultivo; cada instante buscó edificar una persona, un ciudadano comprometido.

La remuneración recibida por los maestros no siempre es competitiva, muchas veces pone a prueba la vocación, el deseo de servir y la construcción de ideales. Se cuentan por cientos quienes decidieron permanecer en el ejercicio docente porque allí está su tesoro, su realización, su vocación de vida que es retribuida con el éxito de los jóvenes que estuvieron frente a ellos.

Resulta evidente que con el tiempo nuestros maestros no nos reconozcan, pero sentimos que están alegres y se regocijan cuando nos aproximamos, recodarán el periodo que compartimos, tiempo que marcó tendencia y cambió nuestras vidas.

La jubilación es el fin de un ciclo pero el inicio de otro, donde las experiencias permiten contar con referentes que seguirán guiando a las personas, tal vez ya no en una aula pero si a través de orientaciones, de palabras sabias, de textos y reflexiones a las acudiremos frecuentemente.

Ojalá quienes vamos detrás, en la docencia, podamos emular el ejemplo de nuestros maestros.

Written by abelsuing

septiembre 25, 2013 a 9:04 am

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