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Diario de campo.

¿Una televisión educativa en Ecuador?

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Los contenidos de televisión comercial y de servicio público con características de instrucción, que permitan una mejor convivencia, son considerados propios de la televisión educativa. Por ejemplo noticias, revistas informativas, espacios de ciencia, tecnología, salud y aquellos asociados a capacitación formal.  Pero la proporción de programas educativos en relación a los de entretenimiento es menor.

Los medios de comunicación, de manera particular la televisión, tienen capacidad de incidir en la comunidad por ello la preocupación de alimentar las parrillas de programación con mensajes educativos que aporten alternativas a los problemas de cada comunidad.  Esto no quiere decir que la televisión modifique radicalmente sus formatos sino que garantice espacios en los que se vea reflejada la comunidad y sirvan como puente entre los estamentos sociales.

El marco jurídico ecuatoriano fomenta el ejercicio de derechos y promueve acciones afirmativas para alcanzar la plena vigencia los mismos.  En este contexto la televisión educativa sería consecuencia de la aplicación de un conjunto de principios plurales de comunicación.

Uno de los aportes realizados al proyecto de ley orgánica de comunicación es que deberían “incorporarse mecanismos para crear un sistema de televisión educativa pública, de alta calidad, articulada a las tecnologías de información y comunicación” (1).  Esta propuesta refleja una valoración positiva de los espacios educativos en los medios.

Pese a la urgencia de garantizar una televisión educativa de calidad habría que cuidar el riego de acompañar los programas con un discurso en exceso instumentalista que abunde en conceptos pedagógicos y pierdan el atractivo para los televidentes.  ¿Cómo hacer? ¿En qué formato trabajar las propuestas de educación y entretenimiento? Son preguntas cuyas respuestas ayudarán a  encontrar los puntos de equilibrio en los cuales trabajar.

Para la consolidación de la televisión educativa será más rico y de mayor sostén que las instrumentos, lenguajes y formatos de creación sean conocidos y manejados por los jóvenes, y en general por la comunidad, es decir, una suerte de hacer televisión educativa de la televisión educativa a través de instruir sobre sus políticas de producción.  Así, con el correr del tiempo, habrá un potencial de contenidos y se hará ejercicio de la comunicación ciudadana.

A nivel internacional son destacadas las experiencias de la telesecundaria de México, el “Canal Encuentro” de Argentina y la Televisión Educativa Iberoamericana que con un enfoque cultural reúne los aportes de los países de habla hispana.  En nuestro país el programa “Aprendamos” impulsado por el Municipio de Guayaquil cumple con la función de televisión educativa.

Los contenidos educativos que vayan acompañados de herramientas didácticas como libros, guías y apoyados en espacios virtuales de aprendizajes se convierten en potentes recursos que incluso proyectan la educación formal.

En esta línea hay mucho por informar, más aún en la sociedad del conocimiento que nos desenvolvemos.  Al unir las lógicas de comunicación y educación se abren puestos de trabajo en los que muchos jóvenes podrían volcar sus potencialidades y creatividad. Es un campo de innovación que nos invita a crecer.

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(1)  Un proyecto urgente: la televisión educativa o televisión para aprender (2012, 14 de marzo): Educacción, p. 3.

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