Gestión en comunicación: investigación aplicada, extensión y servicios.

Diario de campo.

“Desafíos en la formación de periodistas en las universidades: entre la academia y la profesionalización de la enseñanza”

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Oficina de la UNESCO en Quito / Universidad Técnica Particular de Loja-UTPL

Encuentro Regional: Consulta Latinoamericana sobre el Plan Modelo de Estudios de Periodismo de la UNESCO / Loja, 19 y 20 de julio 2010

Dra. María Teresa Quiroz Velasco

Desafíos en la formación de periodistas en las universidades:

entre la academia y la profesionalización de la enseñanza

En una sociedad con exceso de presente y de información, se impone más que nunca la distancia, la conciencia de la profundidad de la duración. Ante el mundo del desorden y la desorientación, lo que

hay que promover es una cultura del sentido y de la historia (Lipovetsky 2010: 183)

El rol del periodista resulta cada vez más importante en nuestras sociedades. Éste debe ejercerse con el objetivo de buscar la verdad para mejorar la vida de las personas, visibilizar temas y asuntos que los poderes no hacen públicos, y trabajar con el indispensable rigor y la ética en la defensa de los derechos de los ciudadanos. Todo ello debe formar parte esencial de la formación de los periodistas en nuestras universidades.

Cómo lo desarrolla Lipovestsky, la universidad se encuentra desorientada entre dos extremos que en realidad debieran ser complementarios. Estos son, el de impartir una ciencia pura o profesionalizar la enseñanza: “En una sociedad hipermoderna caracterizada por la rapidez y el cambio, es cada vez más estéril querer centrar la formación superior únicamente en la adquisición de un oficio, cuando la apertura del mercado, la flexibilidad de la producción y las transformaciones del trabajo hacen que sea prácticamente imposible saber cómo serán dentro de cinco años los oficios en la mayor parte de los campos de actividad laboral” (Lipovestsky 2010: 184). Por ese motivo resulta fundamental para quienes formamos periodistas, garantizar el vínculo de la universidad y de sus estudiantes con la  sociedad de la que son parte. Para ello, piensa el autor, se requiere de una cultura de la creatividad que “pueda potenciar lo específico del ser humano: crear, innovar, emprender. No una cultura de sometimiento a una ley comercial y financiera sin alma, sino una política que dé a cada cual la oportunidad de expresar lo mejor que tenga y de contribuir a su manera a humanizar la cultura colectiva (Lipovetsky 2010: 190).

El sentido de la formación universitaria

La o las reformas en la enseñanza del periodismo requieren no solamente de ajustes curriculares o metodológicos, sino de cambios de gran magnitud, con una visión de lo que debe ser la universidad hoy en nuestro continente, así como de los periodistas que se desempeñarán en un mundo en permanente cambio.

La Universidad de hoy no es la misma a la de décadas atrás. El rol que ha de cumplir el conocimiento humano en las sociedades contemporáneas, resulta indispensable para el desarrollo. Pero la misión prioritaria de la universidad no es la función reproductiva. La universidad no es más la encargada de sancionar la validez, o solamente la de custodiar y transmitir los saberes. Su rol está más bien del lado de la generación y producción de nuevos saberes. Es decir, su tarea está estrechamente relacionada a la invención y la creación, generadora efectiva del propio conocimiento que aloja y difunde. Es decir, la educación no se define como un fondo de verdades cerrado, archivable y transmisible, es más bien el campo fértil que se acerca a lo todavía desconocido. Es por ello que las funciones de investigación, desarrollo e innovación son actualmente  prioritarias en las universidades de todo el mundo, con el acento en el disenso, en las diferencias y en la búsqueda del descubrimiento y el hallazgo. Los periodistas, confrontados cotidianamente con las distintas expresiones de la vida, han de estar preparados con la flexibilidad que corresponde, para el cambio y en el conocimiento de la pluralidad social y cultural.

La universidad es una comunidad académica, cuya esencia se encuentra en la unión de voluntades, y cuya tarea central es la formación de estudiantes que sean competentes en su campo y capaces de integrar diversos saberes en su práctica profesional, dentro de un ambiente de tolerancia hacia ideas distintas y que estimulen el pensamiento crítico.

El crecimiento en nuestra América Latina enfrenta un problema de escasez de recursos humanos, de allí el rol tan importante que cumple la Universidad. Debemos promover en los estudiantes el desarrollo de las competencias y actitudes necesarias para que puedan desenvolverse con éxito en la dimensión económico-productiva, para llevar a cabo iniciativas coherentes con su entorno, liderando los procesos de gestión para apoyar el desarrollo sostenible de nuestros países. Difundir la cultura del emprendimiento, basada en la innovación, el desarrollo de capacidades científico-tecnológicas, de liderazgo, trabajo en equipo y alta productividad, dentro de un marco ético y de valores para una distribución justa de la riqueza y el equilibrio medioambiental.

Esto toca al campo del periodismo. No formamos más profesionales que solamente busquen conseguir un puesto de trabajo, se trata de cultivar el espíritu de indagación, la curiosidad por conocer y descubrir que está en la raíz de la formación de nuestros nuevos profesionales. Esa es la universidad INNOVADORA. Las tecnologías proyectan nuevas dimensiones que afectan el campo del periodismo, pero que son indesligabales de la ética, la investigación y una calidad en la escritura en diversos soportes, para tener un periodismo de calidad y responsable.

Permítanme una reflexión sobre el sentido mismo de la formación universitaria. La misión primera e irreemplazable es la de la formación de personas para facilitarles las claves y permitirles convertirse en ciudadanos responsables. Lo que voy a llamar el CUIDADO DEL ALMA, término desarrollado por el educador peruano Constantino Carvallo, es una prioridad. No se trata solamente de cursos, procesos de evaluación, paquetes de conocimiento. Si bien las instituciones educativas han venido creciendo exponencialmente, buscando la igualdad y la homogeneidad como objetivos, olvidaron a la persona y sus diferencias, proponiendo un método único. La buena educación es aquella que valora a cada estudiante, aceptando sus diferencias y complaciéndose en ellas, invitándolo a ser parte de un proyecto colectivo a través del cual se aprende a mirar, a escuchar. CUIDAR EL ALMA es eso, pero también ayudarlos a sostener su ética frente a la vida, en medio de condiciones empresariales y laborales en las que siempre la tentación de abandonarla puede estar presente.

Hay que agregar que en nuestra sociedad muchas veces se confunde enseñanza con saber, aprobación y promoción al curso siguiente con educación, diploma con competencia. Hoy se aprende no solamente en la universidad, también fuera de ella y muchas veces fuera de ella, por ello es necesario apreciar los saberes y experiencias de cada uno.

Líneas maestras de la UNESCO  en educación superior

 

El debate sobre la comunicación y el periodismo, sus posibilidades y la formación de profesionales no es ajena a los debates mundiales sobre la educación superior. El año 2008, la Conferencia Regional de Educación Superior en Cartagena de Indias ofreció el libro La educación superior en América Latina y el Caribe: diez años después de la Conferencia Mundial de 1998 publicado por la UNESCO, IESALC y la Pontificia Universidad Javeriana.  En el 2009 la UNESCO convocó a la Conferencia mundial sobre Educación Superior, en París, proponiendo una  nueva dinámica de la educación superior y de la investigación al servicio del progreso social y el desarrollo.

 

Allí se defiende que la formación y la investigación  constituyen las dos columnas fundamentales de la educación superior en el mundo contemporáneo. Más aún, si bien el siglo XIX fue la centuria de la universidad profesionalizante, laica, racionalista, como consecuencia del ascenso de los liberalismos en el mundo, el XX ha sido más bien de la universidad que investiga y el XXI, ya en curso, de la universidad que forma profesionales e investiga pertinentemente, en relación con otros actores de la sociedad.

 

Se reconoce que la educación universitaria es prioritariamente un bien público, que debe tener una calidad acreditada internacionalmente y responder a las necesidades estratégicas y sociales de sus propios contextos. Asimismo se reconoce la importancia de la investigación para el desarrollo sustentable y fomentarla debidamente, así como se prioriza urgentemente la excelencia y la calidad en todas las actividades que las universidades realizan.

 

Que la educación universitaria debería no solamente transmitir sólidas competencias para el mundo actual y el futuro, sino contribuir a la formación de ciudadanos responsables, preparados para defender la paz, los derechos del hombre y los valores de la democracia.

Que los criterios de calidad deben corresponderse con promover entre los estudiantes el pensamiento crítico e independiente y la capacidad de aprendizaje durante toda la vida.

 

Que deben buscarse áreas de investigación y de enseñanza que permitan responder a los problemas vinculados al bienestar de la población, así como  establecer sólidos fundamentos para la ciencia y la tecnología endógenas. Asimismo, deben crearse alianzas mutuamente beneficiosas con las comunidades y las sociedades civiles para facilitar el intercambio y la transmisión de saberes apropiados.

 

Por todos estos motivos, para distinguir nuestra formación requerimos generar una contribución fundamental en la sociedad. No se trata, por supuesto, del dominio técnico-instrumental de la formación adquirida. Se requiere, más bien, de la redefinición de los planes curriculares para poder generar capacidades nuevas de pensamiento y praxis para la producción de conocimientos en diversos soportes, y para poder ser éstas articuladas a los principios de los nuevos métodos, lenguajes, contenidos y técnicas hacia su transferencia a nuevas áreas del conocimiento y tecnologías.

 

 

Nuevos retos para el periodismo

 

La formación de periodistas no solamente pasa por la Universidad. Hay centros de formación de muy alto nivel que tienen incidencia directa sobre los profesionales que trabajan en los diferentes medios. Resulta indispensable comprender los cambios que se vienen operando con la incorporación de los nuevos medios y soportes tecnológicos, y sus efectos sobre la información y los vínculos de los ciudadanos con la vida social y política. La sociedad red supone un replanteamiento en las relaciones entre los propios individuos, ya que pueden ser más autónomos en la búsqueda de la información, dejando de depender de los periodistas y de los medios de masas y transformándose en productores y consumidores de contenidos: “el periodismo dejó de ser monopolio de los periodistas, de las empresas de medios. Cualquier persona puede crear un medio” (Franco, 2009. Texas: Centro Knight).

 

Por esos motivos, el lugar del ciudadano en las sociedades democráticas podría suponer nuevas posibilidades de participación, aún por investigarse en profundidad. Empero, aún los medios tradicionales, a pesar de no ser necesariamente confiables, siguen siendo los referentes nacionales e internacionales de las personas: “…las tecnologías digitales tendrían el potencial para facilitar el ‘control de la gestión’ y la difusión de esta información en la sociedad. Sin embargo, quienes están detrás de estos proyectos sienten que su impacto es limitado, pues los latinoamericanos se informan de asuntos políticos más por la televisión, la radio y la prensa, que por Internet (…) los latinoamericanos no solo no confían en la política: no confían en la democracia como sistema” (Franco, 2009. Texas: Centro Knight). Es decir, el problema es bastante más complejo. Por ese motivo resulta tan importante que los periodistas que se forman en nuestras universidades tengan un conocimiento amplio y extenso de lo que ocurre y que su formación no se restrinja a lo técnico e inmediato.

 

No resulta fácil la formación de nuestros futuros periodistas, porque la especialización deberá producirse a través de maestrías o diplomados. Ésta demanda conocimientos en desarrollo, inclusión, igualdad; economía; política, regionalización y Estado; tasas de mortalidad, enfermedades, sostenibilidad del medio ambiente; cultura y educación; emergencias y desastres; lectura de información, entre otros, que les permitan a partir de dichos conocimientos desempeñarse en diversos soportes, y en medio de un mayor flujo de información producir cambios en la forma de hacer periodismo, experimentando en tiempos digitales.

 

Al respecto: “Solo el 7,5 de quienes respondieron este año (5 de junio a 20 de julio) el sondeo de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) sobre necesidades de formación de medios digitales dijo haber obtenido en la universidad (en los pregrados) los conocimientos necesarios para desempeñarse en la operación online en la que trabaja. La mayoría (65,4 %) lo adquirió por cuenta propia (autodidactas) (Franco, 2009. Texas: Centro Knight: 31). Frente a estos datos, ¿qué hacen nuestras universidades? Franco se responde señalando:”las universidades de América Latina tienen dos estrategias (erradas) para abordar el tema digital: crear una asignatura marginal con el nombre de ‘periodismo digital’ en cualquiera de los semestres, y, sobre todo, por razones de rentabilidad, crear diplomados, especializaciones o postgrados con nombres rimbombantes, que la mayoría de veces ocultan su baja calidad (…). Un programa reformado debería tener tres ejes: uno periodístico, uno digital y, finalmente, uno emprendedor (Franco, 2009. Texas: Centro Knight).

 

Termino señalando la necesidad impostergable de pensar la formación de los periodistas desde una mirada integral. De una parte se requiere una sólida formación humanística que permita dar cuenta de la sociedad y su historia; de otra parte una formación analítica y metodológica capaz de garantizar rigor en los procedimientos; recibir una educación en la responsabilidad hacia los otros y el entrenamiento en buscar y confrontar fuentes porque la vida, el prestigio y la honorabilidad de las personas está en sus manos; un entrenamiento tecnológico adecuado pero ligado a la perspectiva del oficio de comunicar la verdad para llegar al público, en su diversidad y heterogeneidad. Pero, además, hoy en día la formación de los periodistas debe estar atada al concepto del trabajo independiente y del  emprendimiento, que les permita crear medios y caminos empresariales propios. Para ser un buen periodista,

 

se requiere, por un lado, tener mucho criterio, es decir, estar bien informado y tener capacidad de análisis suficiente para procesar toda la información a la que uno accede y poder transmitirla de manera apropiada (…) Por otro lado está la técnica, y las técnicas varían de acuerdo al medio: prensa escrita, radio, televisión o Internet. La labor del periodista sigue siendo la misma desde que apareció el primer cronista: informar sobre aquello que es relevante para la sociedad, con verdad y sin apasionamientos (…) Cuando un periodista empieza a segmentar la realidad y solo informa sobre aquello que le conviene, desde una perspectiva política o económica, por ejemplo, está dejando de  hacer su trabajo. Por ello, si un medio empieza a manipular la información para guiar las decisiones de la gente, no está haciendo periodismo, está siendo manipulador” (Del Río, 2011).

 

 

 

Bibliografía:

 

Del Río, Patricia (3 de julio de 2011). Crónica de un oficio. Revista Somos de El Comercio.

 

Lipovetsky, Gilles y Jean Serroy (2010). LA CULTURA-MUNDO. Respuesta a una sociedad desorientada. Barcelona: Anagrama.

 

Franco, Guillermo (relator) (2009) El impacto de las tecnologías digitales en el periodismo y la democracia en América Latina y el Caribe. Austin, Texas: Centro Knight para el Periodismo en las Américas de la Universidad de Texas/Open Society Foundation Media Program.

http://knightcenter.utexas.edu/es/ebook/el-impacto-de-las-tecnologias-digitales-en-el-periodismo-y-la-democracia-en-america-latina-y-e

Revisado el 24 de junio del 2011

Written by abelsuing

julio 22, 2011 a 12:35 pm

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